El indio humilde y la locura de Occidente en "Tratado de los tres elementos", de Tomás López Medel

Escrito por Andrés Castaño Gallego,

estudiante de Historia en la Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia.

Participó en la Ruta Quetzal en 2016.



Tomás López Medel nació en España en 1520 y de su formación puede decirse que se licenció en Derecho canónico en la Universidad de Alcalá de Henares. Su viaje a América se debió a su designación para el cargo de oidor en Guatemala, cargo que desempeñó en 1549. Luego de estas funciones también cumplió con cargos administrativos en el Nuevo Reino de Granada a partir de 1557.


Estos viajes, sin duda, le permitieron una mayor observación y comprensión de los territorios americanos, lo cual quedó plasmado en la escritura del Tratado de los tres elementos en 1570, obra estructurada en tres partes, distribuidas en los elementos aire, agua y tierra. A través de estas categorías, el autor ofreció un marco de clasificación y ordenamiento de todo lo novedoso del Nuevo Mundo.


"Tratado de los tres elementos" (1570), de Tomás López Medel

Si bien López Medel no desempeñó el cargo de Cronista de Indias o una designación similar por parte de la Corona, su obra se inscribe dentro de la tradición española de relatar y describir los territorios conquistados en América. Es así como durante el reinado de Felipe II, existió una preocupación por la difusión, por medio de la imprenta, de una imagen favorable a la España Católica.[1] Además, todo aquel que desempeñara la función de cronista, se consideraba como un funcionario de la Corona; funciones que llevaba a cabo mediante la escritura de crónicas como apología y propaganda a los monarcas.[2]


Más allá de presentar a simple vista una versión apologética de la conquista y la monarquía hispánica, lo que hace Tomás López Medel es dar una respuesta a lo que consideraba la degradación de la sociedad europea y muchos de los ideales que representaba. Hay quienes han interpretado esta crítica a Occidente y su forma de vida más como una defensa y apología del hombre del Nuevo Mundo. No obstante, lo que puede evidenciase en la obra, por medio de lo que Luis Fernando Restrepo defendió como una lectura de los textos de Indias a través de sus elementos discursivos subyacentes,[3] es que lo que buscaba en realidad López Medel era la construcción de un relato moralizante para la sociedad española, poniendo como eje discursivo el asunto de la “divina pobreza” de los indígenas.


Gracias a la comprensión y lectura del territorio y la naturaleza, López Medel dio una explicación de la naturaleza del hombre americano, quien, incluso, compartía raíz con los europeos, al ser descendiente de Adán y Eva. Y es precisamente en este punto donde entran en acción las teorías humorales de las que el autor tenía cierto conocimiento, puesto que la razón para que los americanos y europeos presenten tantas diferencias tiene que ver con las diferencias en clima y alimentación de unos y otros, lo que derivó en diferentes complexiones.


La tercera parte, Tierra, es la más extensa de todas, y el autor, además de hablar de las plantas, animales, temples y minerales, hace una profunda valoración de la condición del hombre del Nuevo Mundo. En esta sección, el americano es dotado con los calificativos de simple, sencillo, humilde, “nada entricado ni malicioso”.[4] Ciertamente, el indígena en el relato de López Medel es quien sirve de figura argumentativa para sustentar su crítica a la Europa del momento, pues la sencillez, la moderación y la templanza, más que características del nativo americano, son los antónimos de la realidad que lee el autor de la sociedad cristiana. Estos elementos cumplen la función de describir al europeo como avaro, desfogado y sin templanza. No obstante, estos epítetos no se quedan únicamente en características morales, sino que van más allá.


Representación de un encuentro entre conquistadores e indígenas. Autor desconocido.

El cuerpo y el modo de vida indígena entra en el relato de López Medel, no de la forma en que la mayoría de los cronistas y tratadistas de la época lo trataron, sino como el contrapunto de la vida sencilla que, aunque en estado salvaje, no está contaminado de guerras y odios como en Europa. En el capítulo 18 de la tercera parte, titulado “De las artes e industrias y oficios mecánicos, y de la manera de vivir de los occidentales indios, y de sus letras y cuentas que para sus historias y memoria lo tienen”, se encuentra ejemplificada la manera en que el autor reprocha no solo aspectos de la moralidad europea, sino también aspectos de la vida material. En este apartado, al aludir a la desnudez de los indígenas, aprovecha para mencionar todos los oficios y procesos necesarios para vestir a un europeo, señal para López de ambición, desvarío y locura. Lo anterior queda expresado en el siguiente fragmento:


Pues en las demás cosas del mundo ¿quién podrá contar ni llegar a los términos donde este desvarío ha llegado? Pues para ataviar y componer una mujer, especialmente si es un poco liviana y entonada, ¿quién podrá numerar los oficios que entrevienen para atavialla y vestilla y diversidad de cosas que concurren hasta ponella en aquel punto, para que salga a misa o a otro lugar público? [5]

Es así como se comprende que el indígena en el Tratado de los tres elementos no es aquel flemático, blando y malicioso de otros textos de Indias, sino que su estado de “divina pobreza” le inscribe dentro de una historia moralizante para lo sociedad europea. No se encuentra en López Medel un encadenamiento del hombre del Nuevo Mundo a lo más bajo de la cadena social y natural de forma directa, aunque su construcción retórica del “hombre en estado natural” es una de las características que se atrincheró por siglos en la historiografía y el pensamiento americanista referente a la concepción del indígena como un ser humilde y puro espiritualmente.

Referencias


[1] Fernando Bouza, Imagen y propaganda. Capítulos de historia cultural de Felipe II (Madrid: Akal, 1998).

[2] Richard Kagan, “Clío y la Corona: Escribir historia en la España de los Austrias”, España, Europa y el Mundo Atlántico: homenaje a John H. Elliott, eds. Richard Kagan y Geoffrey Parker (España: Marcial Pons, 2001).

[3] Luis Fernando Restrepo, Un Nuevo Reino Imaginado: Las Elegías de Varones Ilustres de Indias de Juan de Castellanos (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, 1999) 31-71. [4] Tomás López, De los tres elementos. Tratado sobre la naturaleza y el hombre del Nuevo Mundo (Madrid: Alianza Editorial, 1990) 208.

[5] López Medel 215.


Bibliografía

  • Bouza, Fernando. Imagen y propaganda. Capítulos de historia cultural de Felipe II. Madrid: Akal, 1998.

  • Kagan, Richard. “Clío y la Corona: Escribir historia en la España de los Austrias”. España, Europa y el Mundo Atlántico: homenaje a John H. Elliott. Eds. Richard Kagan y Geoffrey Parker. España: Marcial Pons, 2001.

  • López, Tomás. De los tres elementos. Tratado sobre la naturaleza y el hombre del Nuevo Mundo. Madrid: Alianza Editorial, 1990.

  • Restrepo, Luis Fernando. Un Nuevo Reino Imaginado: Las Elegías de Varones Ilustres de Indias de Juan de Castellanos. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, 1999.

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