La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna fue una expedición española que dio la vuelta al mundo entre 1803 y 1806, con el objetivo de llevar la vacuna de la viruela a todos los rincones del Imperio Español de la época, y es considerada la primera expedición sanitaria internacional de la historia. Sin embargo, esta hazaña tiene muchos matices, que la alejan del tradicional tinte heroico con el que tendemos a barnizar todos los relatos de gestas históricas. Acompañadme en las siguientes líneas para conocer todos los entresijos de esta aventura...


LA VIRUELA, EL CORONAVIRUS DEL SIGLO XIX


Si pudiéramos viajar atrás en el tiempo, a finales del siglo XVIII, seguramente encontraríamos un panorama muy parecido al actual: una sociedad golpeada por la terrible pandemia de viruela, que no entendía de sexos, edades o clases sociales, y que tampoco tenía cura. Por suerte, en 1796 el médico inglés Edward Jenner demostró la eficacia de su recién descubierta vacuna contra la viruela, que consistía en inocular patógenos atenuados de la enfermedad con el objetivo de desarrollar inmunidad sin comprometer la vida del paciente.


Como os podréis imaginar, el concepto de hacer enfermar a personas sanas (con la promesa de desarrollar su inmunidad como por arte de magia) no fue muy bien recibido entre los contemporáneos, que por no saber, no sabían ni leer ni escribir. Uno de los pocos hombres de ciencia que defendieron a muerte la idea desde el principio fue el doctor español Francisco Javier Balmis, médico personal del rey Carlos IV.


La familia de Carlos IV, pintada por Francisco de Goya

Antes de proseguir con esta historia, merece la pena hacer un paréntesis para ponernos en la situación de Carlos IV, que como buen Borbón, era conocido por aquel entonces como "el Cazador". Como no lo conocí personalmente, no puedo opinar sobre él, pero la información que nos dejaron los historiadores de la época denota que este rey no tenía mucha sesera. De hecho, su falta de carácter solía hacer que delegase el gobierno en manos del ministro Manuel Godoy, de quien se decía que era amante de su esposa. A pesar de que tenía buenas intenciones (fue el impulsor de importantes reformas ilustradas), le tocó un contexto histórico muy chungo. No sólo tuvo que evitar que las llamas de la Revolución Francesa prendieran también en su reino: además, tuvo que esquivar como bien pudo la injerencia política de Napoleón, que era más pesado que una mosca cojonera. Si a todo esto le sumas que empezó a perder colonias, que tuvo una crisis financiera terrible, y que los súbditos se le morían de cien en cien a causa de la viruela, pues es para ponerse a llorar, la verdad.


Seguramente ahora entendáis que, cuando el doctor Balmis se presentó ante él y le propuso la disparatada (y cara) idea de dar la vuelta al mundo vacunando a gente como panacea para todos sus males económicos y demográficos, Carlos IV dijera que sí sin dudarlo ni un momento. Aquí es donde empieza la aventura de nuestro grupo de valientes, que incluía una cohorte de 22 niños (obligadamente) voluntarios.


La corbeta María Pita, partiendo de A Coruña (fuente: udc.gal)

CRUZANDO EL ATLÁNTICO


La expedición embarcó en la corbeta María Pita, uno de los buques mercantes más rápidos del momento, que zarpó el 30 de noviembre de 1803 de A Coruña rumbo al Nuevo Mundo. La intención no era solamente vacunar a la población local, sino establecer juntas de vacunación en las ciudades visitadas que garantizasen la conservación del fluido y la vacunación de las generaciones futuras. Por eso, además de los 27 tripulantes, el personal médico y 22 niños, la corbeta llevaba 500 ejemplares del “Tratado histórico y práctico de la vacuna” traducido por Balmis para repartirlos por las principales ciudades de América, material científico e instrumental quirúrgico.


¿Y porqué se llevaron tantos niños? Pues bien, debéis saber que, por aquel entonces, las muestras de la vacuna (que se extraían de las pústulas de pacientes infectados) eran muy difíciles de conservar. Todos los intentos de llevar la vacuna a América con suero desecado acabaron en fracaso. Tampoco existían vacas enfermas en el nuevo continente de las que sacar una muestra de la viruela bovina, que era la cepa usada para vacunar. Parecía que la empresa de llevar la vacuna más allá del Atlántico era imposible... pero el doctor Balmis, descendiente de un linaje de cirujanos y curtido médico militar, tuvo una ingeniosa idea para salvar este obstáculo. El suero sería transportado dentro de receptáculos vivos, concretamente a través de 22 niños de la casa de huérfanos de A Coruña, que serían sucesivamente inoculados por parejas (por si había complicaciones fatales en alguno) durante el trayecto para llevar el fluido hasta América.


Escalofriante, ¿verdad? El plan era éticamente más que dudoso. Se eligió a niños porque era fácil establecer si habían padecido o no la viruela, y personalmente opino que eran los únicos que, por inocencia o desconocimiento, se prestarían a ser contagiados de una enfermedad mortal y ser sometidos a un viaje marítimo al que muchos adultos no sobrevivían. Aunque se desconoce el destino final de cada uno de ellos, ninguno de estos niños volvió a España. Por suerte para ellos, durante esta larga travesía fueron acompañados por la rectora de su casa de huérfanos, Isabel Sendales Gómez, que también se llevó a su propio hijo. El viaje fue duro y estuvo repleto de desafíos, pero finalmente, el 9 de febrero de 1804 la María Pita avistó Puerto Rico.


Fotograma de la película "22 ángeles", que trata sobre la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna

UN HITO... ¿HISTÓRICO?


La isla caribeña, sin embargo, les brindó un frío recibimiento. Las autoridades locales ya habían conseguido la vacuna a través de la colonia danesa de Santo Tomás, y la habían propagado entre la población. Visto en retrospectiva, era de esperar que se pusieran las pilas para evitar que se les muriera todo el mundo, en vez de esperar de brazos cruzados la ayuda de un rey enfrascado en luchas políticas con Napoleón. Balmis montó en cólera al comprobar que el trabajo que pensaba realizar ya estaba hecho, y llegó a afirmar que estaban usando una técnica incorrecta para vacunar a la población.


Tras su rabieta, el doctor Balmis partió rumbo a Venezuela, donde sí halló muy buena disposición de las autoridades locales, lo que permitió difundir la vacuna por toda la región. Después, la expedición se dividió en dos grupos: el primero, al mando del cirujano José Salvany, subdirector de la misión, se dirigió a América del Sur, mientras que el segundo, capitaneado por Balmis e incluyendo a Isabel Sendales Gómez, se dirigió hacia el norte con la intención de extender la vacuna por el Caribe y Centroamérica. Debo añadir, pero, que no está claro si Balmis y Salvany mantenían una relación cordial, o incluso amistosa. Todo indica que no. Aunque Salvany siempre tuvo buenas palabras para hablar de su superior, Balmis llegó a escribir un injusto informe negativo sobre él para evitar que le cediesen un puesto en Lima, donde pretendía establecerse. Lo cierto es que, para Balmis, que tenía 50 años, esta aventura no sería ni la primera ni la última, pero para Salvany, un joven que no había sobrepasado la treintena, su compromiso con la expedición significaría su vida y su muerte.


Grabado del Dr. Balmis (autor desconocido) y firma del Dr. Salvany (no existen cuadros suyos).

Balmis eligió la ruta que conocía mejor y le dejó la difícil tarea de recorrer los Andes a Salvany. El destino del grupo de Salvany fue más bien trágico. Durante más de seis años, sufrieron un naufragio, se perdieron, padecieron enfermedades, muertes y hambruna (el propio Salvany quedó ciego de un ojo), y además encontraron la reticencia de la población y autoridades locales, que o bien no se querían vacunar, o bien ya habían obtenido el suero de la vacuna por su cuenta. Ninguno de los expedicionarios sobrevivió. En cambio, los integrantes del grupo de Balmis llegaron hasta México más o menos enteros. Haciendo gala de los principios morales que ya había mostrado con los niños gallegos, el doctor fue "captando" más niños por los territorios donde pasaba para mantener la vacuna fresca, llegando incluso a comprar esclavos cuando los pequeños escaseaban.


El médico volvió a hacerse a la mar, esta vez con rumbo a las islas Filipinas, a dónde llegó el 15 de abril de 1805. La travesía, presumiblemente más dura que la de cruzar el Atlántico, seguramente acabó de traumar a los expedicionarios que habían sobrevivido hasta el momento. Pese a las circunstancias, Balmis aún mantenía su ímpetu, y tuvo suficientes energías como para proseguir su aventura y visitar Macao y Cantón, en China. Tras casi dos años de expedición, Balmis decidió que ya era hora de volver a casa, y emprendió el regreso a España, donde el rey Carlos IV lo recibió con grandes honores el 7 de septiembre de 1806.


El recorrido de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (fuente: ebuenasnoticias.com)

¿Cuál es, entonces, el resultado de esta aventura? Según una visión tradicional, el remedio contra la viruela fue un descubrimiento europeo y América se limitó a recibirlo sin más, con la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna jugando un papel esencial en la difusión de la cura. Sin embargo, estudios recientes cuestionan esta visión, como el libro Viruela y vacuna de la catedrática Paula Caffarena, que señala que la vacuna se hallaba en muchos territorios americanos antes de la llegada de la expedición, y que la auténtica aportación de Balmis consistió en regular la difusión de la vacuna a través de la creación de juntas de vacunación, gestionadas por médicos locales, que se encargaron de la conservación del suero y la vacunación sistemática de la población.


Podemos concluir, sin duda alguna, que la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna brindó una preciada ayuda a los médicos del Nuevo Mundo que habían empezado a aplicar el remedio por su cuenta. Gracias a la creación de las juntas de vacunación y la llegada de material médico y científico (como el preciado “Tratado histórico y práctico de la vacuna”), estos pudieron proseguir su labor en mejores condiciones, lo que tuvo un impacto notable en la salud de la población local. Balmis, Salvany y compañía no son héroes de caballo blanco y espada reluciente; más bien, los describiría como personas humanas con sus virtudes y defectos, con unos ideales bastante progresistas para la época, y unas agallas que también me gustaría tener a mí. Para la posteridad queda su hazaña, junto a las de otras miles de personas que lucharon contra la viruela y abrieron paso a la implementación de la vacuna como remedio para prevenir todo tipo de enfermedades mortales.


Esta expedición es el punto de partida para el reto colectivo que planteamos con motivo del Encuentro de Verano Virtual 2020. ¡Únete ahora!


FUENTES


Para la elaboración de este artículo de opinión, se consultaron las siguientes fuentes:

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